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Con transparen(ci)a

“Queremos ser más transparentes” es uno de los objetivos que nos han planteado en muchas reuniones de brief distintos clientes a lo largo del último año. Porque en pleno 2018, la información se escurre en 140 caracteres y está a solo un click de filtrarse. No se puede correr ese riesgo.

La sociedad está cambiando porque las generaciones lo están haciendo. Los colaboradores actuales son más demandantes de información a sus empleadores; quieren conocer -entre otras cosas- cuál es el propósito de la compañía, qué rol ocupan dentro de la cadena para lograrlo y, de esta manera, sentirse parte de los resultados del negocio (que también pretenden saber). Las organizaciones no pueden hacer oídos sordos ante esta demanda comunicacional. Mucho menos, entonces, quienes gestionamos la Comunicación Interna. ¿Qué podemos hacer para generar una mayor transparencia?

Es importante que lo que digamos internamente sea concordante con lo que el área de marketing o publicidad está comunicando al público externo. Entonces, el primer paso es estar alineados con el área de Asuntos Corporativos / Institucionales. Porque, ¿cómo podemos esperar que confíen en lo que les decimos si lo que viven internamente difiere de lo que se muestra puertas afuera de la organización? O, ¿qué tan bien les caerá enterarse por los medios de algo que estuvo sucediendo frente a sus narices? (ya sea bueno o malo; podemos estar hablando incluso de un nuevo lanzamiento, una noticia a priori positiva, que podría generar un impacto negativo al interior de la empresa solamente por no haberlo comunicado en tiempo y forma).

En segundo lugar, la comunicación interna interpersonal debe ser fluida. El rol de los líderes, pero sobre todo de los mandos medios, es clave: ellos serán quienes deban transmitir la información hacia abajo, y este proceso deberá estar bien aceitado (y se les deberán brindar, para ello, las habilidades comunicacionales necesarias). A su vez, serán los encargados de elevar las inquietudes comunicacionales de sus equipos, para satisfacer esas demandas de información.

¿Y si la transparencia ya se perdió?

Llevará su tiempo volver a conseguirla, pero tiene solución. La pérdida de transparencia únicamente es recuperable con una buena campaña de comunicación que no solo diga “queremos ser más transparentes” sino que efectivamente comunique con el ejemplo y con la acción. Compartir resultados de negocio (buenos o malos), anticipar futuras acciones que tengan impacto en los colaboradores y en su trabajo, y, sobre todo, escuchar a los empleados para poder identificar qué esperan saber de la organización a la cual dedican 9 horas diarias de su tiempo. ¿Requiere un esfuerzo comunicacional grande? Sí. ¿Valdrá la pena? Sin dudas: la transparencia minimiza el impacto negativo del rumor, mejora el clima laboral, motiva a la gente y colabora con el sentido de pertenencia. Sé transparente y tus empleados lo devolverán en forma de engagement. En pleno siglo XXI, la información ya no es poder. En cambio, contar con colaboradores comprometidos y motivados sí lo es.