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¿Dónde están las CEO?

Hay veces que los datos pasan de largo dentro de una nota. Pero otras veces, gritan para llamar la atención. El siguiente es el caso de la información que grita, pero no todas las empresas están dispuestas a escucharla.

El año pasado la Organización Internacional del Trabajo informaba que los logros académicos terciarios de las mujeres habían superado al de los hombres y que los cargos directivos ocupados por las mujeres, en los últimos 20 años, estuvieron en ascenso. Sin embargo, los puestos más altos, aquellos que tienen un lugar en la junta directiva, siguen siendo privilegio masculino. Estos datos se repiten en el mismo informe de este año; a nivel mundial, cuatro veces más hombres que mujeres trabajan como empleadores.

Y otro dato interesante pero triste obtenido del informe 2018 “Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo. Mujeres”; a nivel mundial, y en todos los segmentos de la población activa, las mujeres reciben un salario inferior al de los hombres por un trabajo de igual valor.

Cuando hablamos de género en el trabajo, también estamos hablando de este tipo de desigualdades. Es cierto que muchas empresas tienen plena conciencia de este déficit y luchan por mantener la “diversidad” entre sus colaboradores (Natura, por ejemplo, cuenta con un programa de diversidad en el que una de sus metas para el 2020 es igualar la participación de mujeres en los cargos de liderazgo). Pero en muchas organizaciones -ya sean privadas, estatales, provinciales o no gubernamentales- esta problemática aún no se visibiliza. ¿Por qué se da?

Se nos ocurren dos probables hipótesis. Una encuesta de la consultora Adecco publicada en septiembre del 2017 arrojó que tanto hombres como mujeres seguimos decodificando los roles femeninos y masculinos de una manera tradicional; así, con esta visión estereotipada continuamos viendo determinadas tareas más propias para los hombres y otras más acordes para las mujeres. ¿Podrá relacionarse esto con el escaso lugar que ocupan las mujeres en la punta de la pirámide? ¿Será que en el imaginario colectivo la toma de decisiones está asociada a lo masculino?

Una segunda línea de análisis, en base al mismo estudio, nos lleva a pensar que a la hora de elegir a una persona para que ocupe un alto cargo en la organización, el tema de la maternidad puede llegar a pesar fuerte. Ya lo dice la OIT en el previamente mencionado informe; “las exigencias abrumadoramente desiguales que pesan sobre las mujeres respecto de las responsabilidades domésticas y de atención continúan manifestándose como desigualdades en el mercado laboral en el tipo de puestos de trabajo disponibles para las mujeres y en los que pueden gozar de empleo duradero”.

Si la Comunicación Interna es todo, porque todo comunica, por más que las organizaciones inviertan dinero en campañas visuales de diversidad (con slogans creativos, diseños llamativos, etc.) y “bajen línea” para que el lenguaje interno sea inclusivo, a veces, como dijimos al principio, los mensajes pueden parecer silenciosos pero estar gritando mucho. El hecho de que de la mitad de la pirámide hacia arriba haya pocas mujeres también está comunicando (desigualdad de género), aunque pareciera que en lo discursivo se diga lo contrario.

Claro está que la importancia de las capacidades y actitudes como principales atributos a valorar para el acceso a los puestos jerárquicos más altos en las organizaciones -sin darle valor al género en la ecuación- depende de la voluntad política y compromiso organizacional de sus directivos. ¿Qué podemos hacer entonces los comunicadores internos? No, por supuesto que no somos meros espectadores: a nosotros nos toca visibilizar esta falta de mujeres en puestos de toma de decisión dentro de nuestra organización, buscar y compartir buenas prácticas de otras empresas de la misma industria, pensar en implementar campañas con una mirada profunda sobre la desigualdad y escuchar a las mujeres para que sus voces lleguen a la cúpula directiva. En fin, plantar la semilla que, con el tiempo y la colaboración de todas las partes, germine en una cultura diversa e inclusiva.