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Dispersión geográfica: lo vincular nos salva

Nicolás es el responsable de Comunicación Interna de una empresa de productos alimenticios. Trabaja desde las oficinas centrales, en Capital Federal, Buenos Aires. Sin embargo, el centro de distribución se ubica en Santa Fe y la fabricación de sus productos se realiza en Córdoba. Además, la organización tiene base en Chile, Brasil, Perú, México y Estados Unidos.

El caso de Nicolás no es aislado y es la típica situación de dispersión geográfica que se da en muchas compañías (una organización, varias sedes). Sin embargo, en los tiempos que corren son cada vez más las empresas que se enfrentan a este tipo de obstáculos a la hora de comunicarse con sus colaboradores a raíz de la introducción de nuevas variables; la virtualización de las relaciones, la incorporación de los horarios flex y del home office, el avance de las tecnologías de comunicación, la desaparición de los espacios físicos y la cada vez mayor globalización juegan un papel crucial en el modelo de empresa moderna, e incrementan el “problema” de la distancia dada la nueva concepción de trabajo.

¿Cómo hacer entonces para mantener informados a todos los colaboradores a pesar de la distancia entre las locaciones? ¿Cómo asegurarnos de que el mensaje sea interpretado de igual forma, que llegue en el mismo momento, que tenga similar impacto?

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Los números son un llamado a la atención: una reciente encuesta arrojó que el 29% de los colaboradores no saben si sus mensajes están bien comunicados en las locaciones fuera de las oficinas centrales –o al menos, si se comunican de la misma manera. Pero un 54% lo tiene bien claro: “las comunicaciones son peores”.  Esta investigación, realizada por Towers Watson, confirma a su vez que los empleados que no trabajan dentro de la casa central tienden a estar menos comprometidos que quienes sí lo hacen. ¿Podemos a primera vista establecer algún tipo de conexión entre estas dos informaciones? Es sabido que el rol de la comunicación interna, además de difundir información es generar sentido, explicar el porqué del rumbo que toma la empresa, acercar a la organización a los colaboradores (y viceversa), construir objetivos comunes, crear significado, internalizar conceptos, crear hábitos, modificar actitudes de los empleados. Para el primero de los roles (informar) basta con enviar un mail, armar notas en la intranet o lindísimos afiches. Sin embargo, si bien es fundamental, esto no es suficiente (ni hablar si hay distancia de por medio). Se requiere, entonces, de un vínculo más directo, de una comunicación más cercana, del uso de la palabra oral y del contacto frecuente con el líder. Requerimientos que, evidentemente y dados los números obtenidos en el relevamiento, no se cumplen fuera de la sede principal.

Nmapaos pareció sumamente interesante mencionar estos resultados que tanto nos llamaron la atención, justamente porque nos ayudan a reflexionar sobre un punto que ningún comunicador interno debe dejar de poner sobre la mesa: la CI es todo lo que sucede en la empresa, es cada llamado telefónico, cada mail, cada nuevo diseño (y los viejos también). Pero también es cada reunión, cada charla de pasillo, cada palmada en la espalda, cada gesto, un silencio, una frase adecuada (o inadecuada) y su impacto. Dejar de prestar atención a las relaciones interpersonales repercutirá negativamente en la satisfacción y el compromiso de los colaboradores para con los objetivos de la organización. Es por eso que las mismas, de una u otra forma deben asegurarse estar presentes allí donde lo estén sus empleados.

Afortunadamente, en el siglo XXI la distancia ya no puede ser considerada un impedimento dado que gracias a las nuevas tecnologías es posible acortar la brecha de lo que se le comunica a los empleados y mantenerse cerca independientemente del lugar en el que se encuentren realizando sus labores. Video conferencias, programas radiales internos, mensajes personalizados de los líderes que llegan a cualquier dispositivo de forma inmediata. Y también -ya sin tanta tecnología de por medio- intercambios laborales (ponerse en el lugar del otro), visitas a otras oficinas, desayunos de trabajo compartidos con cierta frecuencia. Lo importante es pensar a conciencia cómo recibirán del otro lado lo que estoy queriendo decir y tener siempre presente que a una comunicación cercana no la reemplazan ni todos los mails ni todos los afiches del mundo.