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La pelota atada

Hace algunos años, cuando comenzábamos a trabajar con uno de nuestros clientes, el responsable de Comunicación Interna nos comentó que hasta hace un tiempo, y sin saberlo, dos áreas estaban trabajando en el mismo proyecto. Por supuesto, al desconocer qué hacía el otro sector, mucha de la información que precisaban tener para operar la tenían que salir a buscar, o generar ad hoc. ¿Adivinan cuánta de esta información fue generada por duplicado?

En otra oportunidad, en una reunión de voceros con otro cliente, descubrimos que algunas (¡tres!) áreas se encontraban buscando una solución para un mismo problema compartido, mientras que una cuarta ya había arribado a una posible respuesta hacía un tiempo atrás. ¿No habría sido genial si las otras áreas se hubiesen enterado antes en lugar de seguir invirtiendo tiempo en la búsqueda de una solución que se encontraba a dos escritorios de distancia? Y el área que llegó finalmente a la solución, ¿no podría haber llegado antes a la misma, de contar con el apoyo y las ideas de los otros tres sectores? ¡Y cuánto mejor podría haber sido si los equipos hubieran, además, compartido el presupuesto!

Para ambos casos, la conclusión a la que llegamos es la misma; la gestión del conocimiento y el trabajo en red habrían sido claves para evitar el trabajo por duplicado (o triplicado, o….). Citando a Bill Gates, “la gestión del conocimiento no es más que gestionar los flujos de la información y llevar la correcta a las personas que la necesitan de manera que sea posible hacer algo con prontitud” (Los Negocios en la Era Digital, 1999).

De nada sirve tener a varios equipos intentando resolver un mismo problema desde distintos puntos de vista, pero en compartimentos estancos. Duplicar trabajo implica duplicar tiempo, dinero y esfuerzos para resolver un único problema. Y aquí ya no podemos hablar de inversión, sino de gasto. ¿De qué nos sirve reinventar constantemente la rueda, si la que tenemos funciona perfectamente? Lo importante es dar a conocer su existencia, y explicar su funcionamiento para que todos puedan aprovecharla en su tarea.

Podemos pensar a la empresa como un equipo de fútbol, en donde la pelota es el conocimiento y cada integrante de la organización (sea una persona, un grupo de trabajo o un área) debe hacerla circular para cumplir con su función y ser exitoso (lograr el objetivo organizacional -ya sea meter goles o vender más productos-). De nada sirve tener un jugador estrella, con muchas habilidades, si el equipo no lo ayuda (y de esto, los argentinos algo sabemos…). Si el conocimiento no se comparte, si la pelota no se pasa, si no se trabaja en equipo, aparecen la frustración, el agotamiento y se tarda más en llegar al resultado deseado -si es que se llega-. Porque un equipo (o una organización, o una sociedad) no es la suma de sus individuos, sino cómo se conectan entre sí, cómo tejen sus relaciones. Cómo trabajan en red.

De nada sirve tener la pelota atada porque nadie puede correr 90 minutos sin contar con el soporte del resto del equipo. La gestión del conocimiento permitirá que cada uno de los integrantes pueda a la vez tener y poner a disposición las habilidades y saberes necesarios para funcionar como unidad. Si, como dijimos, el conocimiento es la pelota del partido, ¡sería un golazo de la Comunicación Interna lograr hacerla circular!