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Perfil de un líder: Cornelio Saavedra

Un líder no es perfecto, ¿pero quién lo es? Siempre tendrá características no tan positivas, pero que al lado de sus otras cualidades pasan, tal vez, desapercibidas. Un líder, incluso, puede tener detractores. No siempre a causa de la envidia o por mala saña, sino porque simplemente no todos podemos pensar de la misma manera y tenemos diferentes formas de realizar las cosas, ya sea encabezar un área, dirigir una empresa o conducir un país.

Eso sí, todos los buenos líderes siempre tienen algunas características en común. Toman decisiones (acertadas o erradas), tienen el aval de sus equipos, a quienes escuchan y toman sus opiniones en consideración, son respetados por los demás y conocen bien cuándo hablar, cuándo actuar y cuándo esperar. Ser líder no es necesariamente ser aguerrido, sino saber también cuándo es mejor conciliar, cuándo ser medido, o cuándo enfrentarse si es necesario.

Hoy, 25 de mayo de 2018, escribimos este posteo para recordar que, incluso 208 años atrás, las características de los buenos líderes son las mismas que las que buscamos en la actualidad. Fue en una semana como esta que los criollos comenzaron a levantar la voz, a desconocer a un líder impuesto por la fuerza y a reclamar un cambio “de organigrama”. El 22 de mayo de 1810 se organizó un Cabildo Abierto con el fin de discutir este tema que inquietaba a gran parte de la sociedad, con el entonces Rey de España preso en manos de Napoleón. Dentro de este Cabildo, todos tuvieron su turno de hablar: Castelli, Ruiz Huidobro, Vilota, Paso, Sola, Lué y Riega… y Cornelio Saavedra, quien se mantuvo callado, escuchando pacientemente lo que cada uno tenía para decir. Finalmente, luego de escucharlos, propuso delegar el mando en el Cabildo y reunir una junta de gobierno. “Y que no quede duda de que es el pueblo el que confiere la autoridad”.

Fue así que terminó presidiendo él mismo la Junta Provisional Gubernativa en Mayo de 1810. Líder natural (ya había sido líder del Cuerpo de Patricios, elegido por sus mismos colegas), con gran capacidad de escucha, paciencia, timing y poder de enfrentamiento a posiciones contrarias cuando no las consideraba correctas (larga es su confronta, por ejemplo, con Mariano Moreno), Saavedra se constituyó así como uno de los primeros líderes formales de nuestro -en ese entonces- futuro país.

Fueron su moderación y paciencia lo que justamente le provocaron tantos dolores de cabeza (supo enfrentar acusaciones de conspiración, incluso pasó parte de sus días en el exilio). Sin embargo, en lo que coinciden los historiadores es que Saavedra fue siempre partidario de hacer la revolución, aunque con una postura no tan radical (como la impulsada por otros líderes de aquel entonces, Moreno y Castelli).

Dicen que en la historia encontramos respuesta a problemas, incluso, futuros. Que las cosas no cambiaron tanto, aunque en apariencia nada parece haber quedado como antes. Que en la era de la tecnología, de las redes y de la inteligencia artificial, los humanos seguimos teniendo un rol fundamental que las máquinas no pueden estandarizar. Dos siglos después, seguimos necesitando buenos líderes para encarar los desafíos que se nos presenten, con las mismas habilidades de comunicación y escucha para con sus equipos. Y eso, revisando viejos textos, está a la vista.